jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Cómo educa en la muerte un ateo a sus hijos?

Ya veís... cosas de padres... y de padre ateo, claro. Estaba pensando en el futuro y he llegado a la conclusión de que yo, ateo, no sé como educar en la muerte a mis hijas. Sí, educar en la muerte. Que suena a satánico pero que es algo que hace falta cambiar en esta sociedad. La muerte como parte de la vida. La muerte como algo que no hay que temer y que hay que asumir que algún día llegará.
Porque si se te acerca un niño de 7 años y te dice "¿y dónde está ahora el abuelo José?". ¿Cómo debe educar un ateo? ¿Debe decirle que el abuelo José está muerto y que no lo va a ver nunca más? ¿Debe explicarle que cree que la vida es así? ¿O debe optar por una versión más dulce y seguir la educación cristiana del cielo y la vida eterna? ¿Mentir y decirle que crees en eso para que un día se dé cuenta de que le has mentido? ¿O que descubra que no solo es que no vaya a verlo más sino que su padre, su madre o el mismo se pueden morir en cualquier momento y que eso no tiene por qué ser malo?

Llevo centrifugando estas ideas en mi cabeza un tiempo así que agradecería opiniones, enlaces, documentos, etc que me ayuden a crearme una opinión. Tanto del que piense que debo darle una "versión cristiana" como del de la vía atea o vías intermedias.

jueves, 13 de octubre de 2011

Menos stevejobses y más yunnuses

Ha pasado más de una semana desde la triste noticia de la muerte de Steve Jobs. Rápidamente nos hemos apresurado todos a encumbrarle en lo más alto… Nada tengo contra el creador del iPhone, que es libre de hacer con su vida lo que le plazca. Pero sí me vais a permitir que esté en desacuerdo con todos aquellos que lo catalogan como el gran referente de esta época, como un semidios venido a salvarnos con el iPad. Porque todo eso puede ser cierto si no hemos aprendido nada de esta crisis; puede ser cierto si nuestro objetivo en la vida y como empresas es conseguir que los ricos sean más ricos y que nos de igual toda la gente que lo pasa mal.

Por eso, y porque creo que somos muchos los que queremos arreglar esto (un servidor con su limitado impacto), me permito afirmar que el mundo no necesita muchos Steve Jobs, sino muchos ricos que se den cuenta de que ganar dinero no es un fin, como le ocurrió a Bill Gates en el año 2006; si tengo que elegir prefiero que las mentes más brillantes, como la de Jobs, dediquen su talento a cambiar este mundo, como Yunnus con Graamen Bank o como Bill Drayton con Ashoka; y, si se puede, que las tabletas tengan un fin social como está pasando en India; si tengo que poner empresas ejemplares no mencionaré a aquellas cuya estrategia futura se centra en crear gadgets y más gadgets sino a aquellas que se transformen y persigan crear valor compartido para la sociedad y para la finanzas de la empresa, como están haciendo HP, GE y tantas muchas otras a este lado del océano; y si de algo estamos necesitados no es de emprendedores Apple+ en un garaje sino de emprendedores sociales, sean los de ashoka, momentum Project, hub Madrid, eutokia, ennovent, acumen, o tantos muchos otros…

Por eso, esta mañana pensaba que para mí Steve Jobs puede ser super creativo, buen gestor y todos los buenos adjetivos empresariales que queráis pero si algo no es, es el ejemplo de empresario del siglo XXI. Lo es, pero del siglo XX. Ha seguido un patrón heredado y lo ha llevado a la excelencia pero afortunadamente el mundo está cambiando. Y solo es cuestión de tiempo que lo sepamos ver.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Que vuelen los papeles

Que vuelen los papeles, que vuelen. Que crucen montes y surquen mares. Que lleguen a quien tengan que llegar. Que consigan la firma de quien tenga que firmar. Que duden de nosotros todo lo que sea necesario, pero que duden ya. Que pregunten, que soliciten, que interroguen, que nos metan el dedo en el ojo si hace falta. Pero que vuelen los papeles, que vuelen. Y con ellos de vuelta que traigan a Diana, como Aladín con su alfombra. Que nos entre por la ventana y simplemente la descubramos dormidita en su cama cuando nos despertemos...
...
Y dice la teoría que ya me sé que no hay que ser impaciente, que no hay que marcarse fechas, que hay que pensar solo en el próximo paso. Que hay que disfrutar el presente... de June, claro. Y preparar bien su llegada. Formarnos, leer, disfrutar del hueco de pareja...
...
Ya lo sé... pero dejadme por unos segundos que desee que vuelen, corran y salten los papeles. Dejadme que me desahogue aquí solo por un instante. Que al fin y al cabo yo no entiendo de papeles, ni de certificados, ni apostillas, ni de pilares, ni de tests... Y solo entiendo, aunque poco, de chiquitinas y mámas y pápas, de valentías en forma de queso, de dridadridra y de tequieros. Y, por eso, me vais a dejar que vuelva a pedir por última vez antes de seguir luchando en el día a día de esta adopción.... ¡que vuelen los papeles, que vuelen!

jueves, 11 de agosto de 2011

¡Vamos, chicos!

A veces nos debatimos entre lo ideal y lo real; entre el cambio y la permanencia; entre lo que deseamos y lo que conseguimos. He visto a amigos y familiares que han realizado grandes esfuerzos por cambiar cosas que no les gustaban de ellos mismos. También lo he vivido en mis propias carnes. Existe un momento de desesperanza en el que te das cuenta de que no has llegado al ideal que tenías en la cabeza o que, simplemente, de vez en cuando hay pequeñas recaídas. Nos cuesta creer que el proceso no es inmediato y eso nos genera frustración. Y, como en todo, si se encauza bien puede ser un motor para progresar. Pero si te vence, acaba destruyendo el castillo que estabas construyendo.

Por eso, creo que una vez que estás en un proceso de cambio es muy útil saber cuantificar tu progreso y ponerte “metas volantes”. Y entender que esa es la llave hacia un camino más amable, que diría Xoel López.

Tampoco estaría mal que nos valorásemos también lo recorrido a nivel mundial. Especialmente hoy que nos vemos saturados por malas noticias, que vemos los mismos problemas del pasado, ya sean en Reino Unido o Somalía. Porque nos pueden llevar a pensar que seguimos igual que hace décadas y que no avanzamos. Sin embargo, sería necesario reconocer que una cosa es la meta ideal y otra los progresos que hemos hecho por el camino. En Gapminder se puede ver cómo se ha acelerado el desarrollo de miles de millones de personas en el mundo, sacándoles de la pobreza, alargando su vida. O en Crisis Group, que me pasaba el otro día pilluelo, puedes ver cómo los conflictos se arreglan. También como algunos van a peor. Pero vemos todo el partido, hasta que el arbitro pita el final. Como la gente que sale antes del descuento, buscando el coche para escapar del atasco. En esos minutos a veces se cumplen nuestros peores presagios... pero a veces nos perdemos la remontada o el gol de año, transformado en algo mucho más importante, la solución a un conflicto.

Datos como éstos no deberían desembocar en la autocomplaciencia sino en una palmadita en la espalda. Esas que a veces necesitamos todos cuando sufrimos en la carrera, cuando no pensamos en lo que hemos hecho sino en lo que nos queda todavía por delante. Y nos abruma... Y en esos momentos nos ayuda esa persona que viene con la esponja y con el vaso de agua. Y nos dice... “vamos, chaval”. Y esa esponja y ese vaso y ese vamoschaval va para el que intenta transformar su vida y hacerla más emocional y ese momento en el que sigue pensando que no lo puede hacer cuando no se da cuenta de que ha avanzado un montón. O para el que se siente raro mientras se preocupa por el impacto social de su consumo y rechaza regalos y siente el desprecio de algunos y las críticas de otros. O para el que hace frente a sus miedos y sus duras vivencias mientras se hace un hueco en este lado del mundo.... ¡Vamos chicos!

martes, 19 de julio de 2011

El futuro de nuestros hijos

En las dos primeras páginas del libro "The Blue Sweater" que acabo de empezar a leer, Jacqueline Novogratz desliza suavemente el mensaje esperanzador de todo lo que hemos sido capaces de cambiar en 100 años de historia. Desde su abuela hasta ella... Y aquí he tenido que parar de leer y venirme a estas líneas porque me ha dado por pensar en cómo lo hemos conseguido.

Pienso en mi historia (que es similar a la de la mayoría de vosotros) y me pongo en la cabeza de mis abuelos, casi todos ellos emigrantes, por unas u otras razones, que decidieron poner sus vidas al servicio de sus hijos y trabajar a destajo para ofrecerles una vida mejor. Y realmente lo consiguieron: a mis padres no se les ocurrió pensar que podían pasar hambre, pudieron ir a la escuela, no se les discrimino tanto por cuestiones de sexo y disfrutaban de algunas comodidades. Aún así, decidieron de nuevo pensar en sus hijos antes que en ellos, volver a emigrar, montar un negocio y luchar por mayores oportunidades. Y realmente lo consiguieron: nunca nos faltó nada ni a mi hermana ni a mí, tuvimos una buena educación, juegos, pudimos viajar, las oportunidades que tenía mi hermana eran mayores que las de mi madre, fuimos a la universidad,...

Así que parece que mi destino tendría que ser el de volver a trabajar al máximo para que en vez de disfrutar en su infancia de una Super Nintendo mis hijos lo hagan de 1 Wii, para que tengan ropa más cara, para que hagan todas esas cosas que creen que necesitan solo porque alguien piensa que es menos si no las tiene.... Bueno, es una forma de verlo...

Sin embargo, creo que la mejor manera de imitar a alguien es hacer algo diferente. Nuestros antepasados lucharon por nuestro futuro. Y antes eso equivalía, en gran parte, a dinero. Pero una vez llegado a nuestro nivel de vida ¿cuál es el futuro de nuestros hijos? Pues si todo sigue así, un mundo desigual, donde verán a gente morir de hambre mientras nosotros seguimos brindando en una eterna fiesta; donde seguiremos consumiendo recursos con dirección a un iceberg pensando que ya se apartará él; donde sus padres solo fueron responsables de las llaves del mercedes y de limpiar la piscina.... Esos serán sus problemas y si quiero seguir el ejemplo de mis abuelos y de mis padres lo que creo que tengo que hacer es utilizar mis habilidades (limitadas, vale, pero habilidades) para que el mundo que se encuentren cuide mejor el medioambiente, tenga menos desigualdades, muera menos gente de hambre o por enfermedades evitables, sea más justo... Un esfuerzo que sea una gota de agua en el océano pero ya sabéis que el océano no sería lo mismo sin esa gota.

Efectivamente, es difícil. Pero no creo que nuestros antepasados pensasen que estaba chupado llegar hasta donde hemos llegado hoy. Y aquí estamos. Conseguido por la suma de grandes esfuerzos hechos por multitud de individuos. Eso es lo que tenemos que pensar hoy.