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sábado, 21 de mayo de 2011

¿Y qué hay de nosotros? @15-M

Creo que no hace falta que diga lo contento que me pongo al ver todo lo que está pasando alrededor del 15M. Realmente me siento orgulloso de la forma en la que se ha desarrollado la protesta: con calma pero con firmeza, en el momento que hemos considerado oportuno y con una organización envidiable para no haber ningún movimiento detrás. Suena irónico que nos digan que somos improductivos y poco válidos y que, por lo tanto, debemos bajar nuestros escasos salarios cuando en un campamento improvisado la gente es capaz de organizarse tan bien. Ahí tenéis a líderes, ejecutores, gestores, planificadores, comunicadores,.... quizá lo que falta para desarrollar esas habilidades en el puesto e trabajo es la MOTIVACIÓN...

Sin embargo, como ya se está haciendo tanto peloteo hasta desde los medios tradicionales, me vais a dejar que no lo haga en este post. Durante estos días ha quedado por fin claro que no nos gusta el sistema que vemos. Independientemente del partido político. También se han propuesto algunas ideas. Bien. Yo el mensaje que quiero lanzar hoy es el siguiente: hemos criticado de manera nítida lo mal que lo hacen los otros pero.... ¿seremos capaces de mirarnos el ombligo y trasnformarnos también a nosotros mismos? ¿O caeremos en el común error de echar la culpa de todos nuestros problemas a lo externo? Por ejemplo:
  1. "Odiamos" a los bancos tradicionales pero seguimos dejando nuestros ahorrillos allí cuando hoy en día existen bancos como Triodos o Fiare que se rigen por criterios totalmente distintos: solo prestan dinero a iniciativas que aporten algo a la sociedad (y no a la construcción de nucleares, a la fabricación de armas, a empresas del sector financiero tradicional,...). No necesitan una obra social que les permita el barra libre en el día a día. ¿Seremos capaces de tomar decisiones que cambien nuestros hábitos y los alineen con nuestros principios?
  2. Queremos renovables y no nucleares. Está genial. Pero hoy en día tendremos un 20% de producción de nucleares. ¿Estamos dispuestos a reducir nuestro consumo para no necesitar ese 20%? ¿O seguiremos pensando que para qué reducirlo si total el vecino seguirá consumiendo un montón?
  3. Queremos que las empresas no miren solo su bolsillo y que tengan fines más sociales. Para así desarrollar nuestras carreras en algo que nos motive y que beneficie a toda la sociedad. Pero,... ¿tendremos en cuenta estos criterios a la hora de comprar un ordenador, un móvil o fruta? ¿O seguiremos comprando un apple porque es más chic (perdón Iranzu ;)) o tal producto porque es más barato?
  4. Pedimos participación en la política más allá de 1 vez cada 4 años. Tenemos algo que decir. Y me pregunto, ¿dedicaremos tiempo a esta labor si nos ponen los medios para ello? ¿Dejaremos de estar en facebook 10 minutos para entrar a una web del ayuntamiento, ver los cambios que proponen, informarnos, proponer mejoras de forma enriquecedora y dar nuestra opinión sobre la mejor de las opciones?
  5. En unos pocos años la gente que está en esas plazas y las que seguimos con entusiasmo el movimiento 15M seremos los que en unos años estaremos dirigiendo el país. Sí, seremos gerentes de empresas, directivos, responsables de comunidad, brazos derechos, creadores... ¿nos acordaremos de todo esto entonces o simplemente heredaremos los viejos hábitos que no nos gustaban?
  6. Queremos que el mundo sea un lugar para vivir pero quiero entender que no solo para nosotros sino también para los demás. Actualmente si todo el mundo viviese como el español medio, necesitaríamos 3 mundos... ¿Estamos dispuestos a compartir? ¿Estamos dispuestos a rebajar nuestro nivel de vida - que no nuestra calidad de vida- para que podamos vivir todos de una manera decente en vez de nosotros como unos reyes y otros como unos esclavos?
Estas son las preguntas que incendian mi cabeza. Sinceramente creo que SÍ seremos capaces. No en un día ni en dos. Pero poco a poco lo haremos. Obviamente, para todo esto hace falta valor y buena intención. Pero si algo nos han enseñado estos días es que en este país valor y buena intención sobran a raudales. No los desaprovechemos.
PD: Imagen sacada de aquí

domingo, 23 de enero de 2011

Nuestro voto

Hace unos cuantos meses Julio Anguita apareció en el programa 59 segundos y dejó unas cuantas reflexiones interesantes. Venía a decir que los que realmente tienen el poder hoy en día no son los gobiernos, sino los mercados. Y que estos no se votan.

Esto puede derivar en muchas otras conversaciones: si realmente nuestro voto a los políticos sirve para algo si no cumplen con su programa, si realmente los gobiernos no tienen poder sobre los mercados,... pero me gustaría hacer otra reflexión:

Nosotros si podemos votar a los mercados. Es más, podríamos votarlos de una manera más efectiva que es en el día a día. Lo que quiera que sean los mercados, terminan siendo empresas/entidades que trabajan con otras, cambiando dinero, vendiendo o comprando bienes y es ahí donde se puede atacar.

Si sacamos la información de inversores o empresas que ejecutan injusticias (ya sea elevar la deuda de un país, empobrecer a productores locales, reducir la biodiversidad,...) y penalizamos tanto a ellos como a los que les apoyan, entonces estaremos votando. No solo comprar es votar, que también dicen en Territorio Gallego, si no que elegir un banco es votar, elegir un patrocinador es votar, apoyar una campaña es votar, ver la TV es votar, hablar es votar, denunciar determinadas prácticas es votar...

Es complejo, sí. Es mucho más fácil ir cada 4 años a unas urnas y meter una papeleta. Como dice alguno que yo me sé, es como "ser un cabrón todo el año y donar en Navidades unos euros a una ONG". La verdadera pregunta es si queremos hacernos responsables y votar todo el año o no.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Visión, misión y valores

Cualquier universidad o máster del universo que se precie, te enseñará que cada empresa debe definir su pack “misión, visión y valores”. Y, además, ponerlo bien visible en la Web. Al fin y al cabo es la carta de presentación de tu empresa. También te enseñan a pensar sobre ellos. Y te dicen lo que debes poner. Más o menos lo mismo que te dirán dentro de poco sobre la Responsabilidad Social Corporativa.

Es ácidamente gracioso dar un paseo por algunas grandes empresas y leer, por ejemplo, su misión. Y digo las grandes porque es más fácil encontrar esta información, pero pasaría lo mismo con la mayoría de las más pequeñas.

Si, un poner, nos da por acudir a DANONE, que hoy venía en el periódico como ejemplo de empresa responsable, vemos que su misión es "Brindar salud a la población a través de la alimentación". Preciosa misión. Sin embargo, la guía roja y verde de greenpeace sobre transgénicos, le marca con un brillante color rojo. Es decir, utiliza transgénicos que impactan en la alimentación de sus clientes y en la de los productores locales, matando la diversidad. Un error lo tiene cualquiera, podríamos decir. Se cambia y listo. Sin embargo, no creo que cambie si los consumidores no presionan ya que su misión es ganar dinero ofreciendo productos alimenticios.
Lo mismo podríamos hacer con Nestlé que "quiere proporcionar mejores productos alimenticios para conseguir una mejora en la vida de las personas".

Por otro lado, el gran gigante Shell nos comunica que está en este mundo para "gestionar su negocio de una manera segura y sostenible económica y medioambientalmente". Pero luego viene una ONG o un reportero callejero y cuenta esto o esto en Internet. Buscad las siete diferencias.

También podemos ir a Jonson & Jonson que en su Credo nos cuenta que " son buenos ciudadanos, que cuidan de las comunidades donde operan y que protejen el medio ambiente". Pero en el listado de productos químicos con toxicidad sus productos aparecen con altos índices de componentes que ponen en riesgo la salud de los consumidores. Como,por ejemplo, el Neutrogena Man Razor que incluye productos cancerígenos. O a Nintendo que ocupa el último puesto en la guía de productos electrónicos de Greenpeace.

Lo que tienen todas en común es que evitan decir la verdad, es decir, que su fin último es ganar más dinero; aumentar la facturación; ser más rentable a los accionistas. Coged la que queráis. Después de todo, cualquier decisión (también la de definir misión o valores o la de apoyar a una ONG) tiene un último filtro llamado rentabilidad económica. Si no se gana dinero ahora ni se ganará en el futuro, no pasa. Con esto no digo que sea malo o bueno. Es una opción, como otra cualquiera. Salvo que en el camino se auto-engañan e intentan engañarnos a los demás. Nestlé no se marca como objetivo el contribuir a una mejor alimentación mundial. Lo que reina en sus decisiones es ganar cada año más dinero vendiendo productos alimenticios. Para ello, escucha las demandas de la sociedad. Y con eso limpia su conciencia. También hace lo que le piden sus accionistas ya que si los accionistas midiesen según el cumplimiento de la misión, la empresa estaría en suspensión de pagos morales desde hace tiempo. Así, todo sigue su camino tranquilamente...

Realmente no nos engañan. A veces, solo a veces, nos dejamos engañar. Y es que, al fin y al cabo, no somos tan distintos de ellos. Si preguntásemos a la gente cuál es objetivo en la vida, muchos dirían ser feliz. Algunos atrevidos encima lo dirán sabiendo que su felicidad depende a su vez de la felicidad de los demás. Y mientras tanto vamos tomando decisiones en nuestro día a día que van en contra de este objetivo. A veces simples excepciones. A veces grandes agujeros morales.

Ahí fuera hay gente, no cabe duda, que hace lo que dice. O al menos casi en su totalidad, que la vida es muy compleja. Y lo que dicen es que quieren ser mejores personas y hacer mejor a los demás. Son pocos pero les admiro. Y me gustaría ir pareciéndome a ellos. Me gustaría poco a poco poder responderme a la pregunta ¿Hago realmente todo lo que puedo para mi propia felicidad y la de los demás? ¿Estoy cerca del objetivo o muy lejos?

Y no estaría mal que todos les intentásemos imitar. Sea con las acciones que sean, en la medida que sea, en el terreno que sea. La vida tiene muchas buenas soluciones para el mismo problema. Y resulta que ninguna es mejor que la otra. Aunque también hay mucha malas, ninguna peor que la otra...

domingo, 17 de octubre de 2010

Cuéntame un cuento...

Dejadme que, como diría Celtas Cortos, os cuente un cuento de esos que empiezan por habíaunavez:
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Había una vez un reino muy muy lejano que estaba gobernado por un príncipe muy muy rico. Como es costumbre en nuestra historia el príncipe vivía en la opulencia mientras que la inmensa mayoría de los compatriotas podían comer a duras penas. Sin embargo, las costumbres se hacen leyes y la distancia entre riquezas no se veía como algo problemático.

Así, el príncipe veía fascinado como cada año aumentaba su riqueza. Y esto era bueno para los que le rodeaban ya que si era más rico, daba más fiestas, necesitaba más sirvientes, necesitaba más carne y deseaba mejores vestidos. Por lo tanto, el aumento de su riqueza tenía un fin social, decía, ya que el sastre del principado así como el carnicero y el cocinero veían mejoradas sus condiciones. ¡Ay, cuánta satisfacción le producía ver que su dinero aumentaba cada año! Este año un 8%. El siguiente un 15%. El próximo un 17%.

Pero como quiera que la vida es caprichosa, no se sabe muy bien por qué cada año el aumento de su riqueza era menor. Es decir, él era inmensamente rico comparado con los demás. Y cada año era más rico. Pero su riqueza no aumentaba tanto como antes. Y lo que es peor... se empezó a dar cuenta de que esos pobres malnacidos de su principado aumentaban su riqueza a un ritmo mayor que el suyo. Es decir, eran abrumadoramente pobres pero empezaban a mejorar y ese año algunos tenían un 10% más de lo que tenían el anterior. ¡Ya hasta se podían permitir comer todos los días!

El príncipe, preocupado, llamó a su sabio consejero. Que, por cierto, en los últimos años había sido cada vez un poquito más pobre ya que al vivir su superior en la abundancia ya no necesitaba sus consejos. Pero no nos desviémos, centrémonos en lo importante. La acuciante pobreza de nuestro querido príncipe. El sabio, preguntado por una solución a sus males y visto que no tenía dinero para darle, le empezó a contar una historia:

Érase una vez una zona llamada mundo donde vivían unos pocos países ricos que vivían en la opulencia y otros muchos países pobres que eran mayoría y vivían en la más triste de las pobrezas. En aquella zona los países ricos vivían obsesionados mirando su PIB, su aumento de las exportaciones o del IPC. Cada año aumentaban su riqueza un 2, un 3, un 4%. Cada vez eran más ricos porque el progreso, les habían dicho, era la base de la felicidad. Pasaron los años y el progreso no tenía límites. Tanto que les decían a los países pobres "creced, creced. Así seréis felices". Y así era. Ya que los países pobres conseguían crecer un poquito y eso les aumentaba la salud, les daba algo de educación y tardaban un par de años más en morir.

Sin embargo, éste no es un cuento con final feliz ya que por casualidades de la vida, los países ricos cada vez crecían más lento mientras que los pobres crecían mucho más rápido. Daba igual que los que tenían coches, cámaras, teléfonos de última generación, comida a raudales que salía por la basura; daba igual, decía, que tuvieran infinitamente más de lo que necesitaban. No era suficiente y querían tener todo eso pero, además, crecer igual de rápido que esos pobres malnacidos. Mientras tanto la vida pasaba. Mejor dicho, la vida les pasaba. Y no eran capaces de darse cuenta de que estaban mirando el indicador equivocado. Que mientras su indicador de riqueza había aumentando ( y ahora lo hacía a menor ritmo) su felicidad iba bajando. Y mientras miraban hacia arriba, caían en un agujero que no habían visto. Si, por el contrario, se hubiesen preocupado menos de su cartera, hubiesen sido más felices viendo como otras personas conseguían un mínimo de desarrollo. Y si ese hubiese sido el objetivo principal entonces se hubiesen afanado en que lo hubiesen conseguido antes. Ellos, a su vez, estarían eternamente agradecidos y se habrían preocupado de la felicidad también de los primeros. Es decir, se podían haber dado cuenta de que fomentando el bienestar del otro, se fomenta el bienestar de uno mismo....
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Dicen que la fábula hizo despertar al príncipe. Pero realmente no tenemos constancia de ello. Dicen que a partir de entonces fue más feliz. Y, sin embargo, cada vez tenía menos dinero. Sus conciudadanos también mejoraban su situación: primero económica hasta lo necesario y luego de felicidad personal. Y cuentan también que fueron felices y comieron perdices. Pero ésto quizás era simplemente para que el cuento tuviese un final feliz.

PD: Las imágenes están sacadas de aquí y aquí

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Medirnos en dólares?

Ahora que todos estamos contentos porque volvemos a la senda del crecimiento y ya parece que todo nos va mejor en la vida, puede ser un buen momento para que arroje algunas ideas que me andan rondando desde hace un tiempo.

Si nos damos cuenta, tanto ahora en plena crisis como en tiempos de bonanza nuestra valoración global de España, Europa, la comunidad autónoma de turno o lo que sea se hace en unos términos que son útiles, pero también llamativos. Al final, la situación de nuestro país tiene unos indicadores prioritarios -no los únicos, claro- que son el crecimiento respecto al trimestre-o año- anterior, el crecimiento de la bolsa y -por nuestro gran problema- la tasa de desempleo. Es llamativo, decía, porque no se da prioridad al índice de desarrollo humano, a la sensación personal de felicidad, al nº de personas bajo el umbral de la pobreza, a la diferencia entre sueldos máximos y mínimos medios (diferencia entre ricos y pobres). El mensaje es: hay que crecer en millones de euros porque eso es bueno para nosotros.

Cuento esto porque hay un segundo concepto que me parece interesante: el crecimiento infinito. Es decir, tenemos que crecer siempre. Si no, es malo. Pero, ¿hasta cuándo crecer?. Y, más importante: ¿cómo crecer? ¿Crecer a costa de que otros países sean más pobres? ¿Crecer olvidándonos de que ya somos grandes y que deberíamos preocuparnos de que otros crezcan?

Si en algo solemos fallar repetidamente los humanos es en hacer de nuestros hábitos leyes. Los hábitos nos los creamos en un momento determinado porque descubrimos que es para nuestro bien. Sin embargo, el mundo cambia y olvidamos que las soluciones de ayer no tienen porque servirnos hoy. Por ejemplo, hace 100 años no importaba ensuciar el planeta ya que era muy poca la porquería y muy alta la capacidad de regeneración. Por contra, hoy día sí importa ya que es mucha la suciedad para un planeta tan pequeño.

Del mismo modo, aprendimos que el crecimiento de nuestra economía es bueno ya que en la mayoría de los casos lleva implícito una mejora de la situación de las personas que viven en él. Y digo en la mayoría de los casos porque solamente hay que comparar la distribución de riqueza y nivel de vida de todos los habitantes de Finlandia y los de EEUU. Por lo tanto, llega un momento donde no es tan importante cuánto se crece sino cómo se crece. Y llega otro momento donde una vez logrado un nivel de vida más que aceptable deberíamos dejar de pensar en el yo para pensar en el nosotros global.

Mirando la vida de una sola persona, cuando empiezas a trabajar estás preocupado por salvar tu propio culo: conseguir un trabajo más o menos fijo, bien remunerado... pero luego, te das cuenta que eso está muy bien pero que también es importante el cómo: ¿pisoteando a otros? ¿a costa de tu vida familiar? Éste sería un primer paso en el que se empieza a pensar en el otro. Pero vendría otro escalón mayor que sería: si ya gano más de lo que realmente necesito (siendo honestos, casi todos lo tenemos) y he conseguido que el fin no justifique los medios, ¿por qué no preocuparme de los que nos rodean? Mi familia, mi comunidad, otras comunidades lejanas,....

Algunos dirán que nuestro problema es el empleo y que para ello necesitamos crecer pero... ¿es la única solución? ¿Y realmente lo tendremos en la misma proporción que el crecimiento? ¿Realmente necesitamos ganar más dinero? ¿Pensamos en los demás? ¿Lo más importante ahora es ser más ricos? ¿Es también lo más urgente?

Empiezo a pensar que deberíamos empezar a cambiar de objetivos. Olvidémonos del crecimiento y valoremos el cómo crecemos y el sufrimiento de los que nos rodean. Empecemos a pensar como mundo. Cambiemos nuestra forma de entender el dinero, las ganancias y, sobre todo, las NECESIDADES. No lo conseguiremos en un día ni en dos. Nos hacen falta muchos sopapos para ir despertándonos. Así que propongo que nos tomemos nuestro tiempo pero que empecemos ya a cambiarnos a nosotros mismos. Y después a los que nos rodean.